Las cifras dadas a conocer por Mario Calderón, director de la Policía de Tránsito, sobre la muerte en nuestras carreteras, tanto en la Gran Área Metropolitana como en las provincias, nos lleva a pensar que vivimos un escenario donde día a día campea la muerte sin que haya disparos.

Por supuesto que las muertes relacionadas con el sicariato por ajustes de cuentas ligadas al narcotráfico también es una dura realidad, pero no es nuestro interés reflexionar sobre este tema.

Las cifra de muertos durante febrero, según las estadísticas fue 32, más de uno por día, en tanto que enero arrojó un saldo de 45 víctimas fatales, por lo que el nuevo año no augura un ambiente muy positivo en cuanto a siniestros derivados de los accidentes en carretera. Pese a lo lamentable de los fallecimientos, lo registrado hasta ahora se puede percibir como menos negativo para las autoridades, si se analiza que en diciembre anterior hubo 52 muertos.

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La principal causa de muerte en carretera sigue siendo el abuso de la velocidad, con 20 fallecidos, de los 77 reportados en el primer bimestre del año. Le sigue la imprudencia del peatón con 16 casos y la invasión de carril con 15 vidas perdidas.

Cuando se examina la clase de vehículos, que dejan una estela de muerte y lesiones muy graves a las víctimas, cabe destacar que las motocicletas siguen siendo las que ocupan el primer lugar, con 33 vidas perdidas, 10 casos más que en el mismo bimestre del 2016.

Las causas por las cuales decenas de familias pierden a sus seres queridos cuando conducen una moto, son en primer lugar la alta velocidad, seguido de la irresponsabilidad, pues en muchos casos los motociclistas circulan sin licencia, sin casco, sin chaleco reflexivo, no tienen los papeles en regla, o no han pagado los derechos de circulación ni han hecho la revisión técnica anual.

No resulta un hecho casual que la motocicleta, el año anterior, fue el vehículo que más vidas cobró, con 197 decesos, triplicando al automóvil.

Las muertes en bicicleta también son un factor a considerar, ya que por la imprudencia al conducirlas sin luces o elementos distintivos, resultan ser presa de automóviles o camiones de carga, especialmente en las áreas rurales.

Igualmente preocupante y doloroso es la estela de víctimas de accidentes de tránsito que sufren mutilaciones o discapacidades permanentes, especialmente de personas en edad productiva, que se convierten en una carga para el sistema de salud.

Recientemente las autoridades de la CCSS pusieron el dedo en la llaga, confirmaron que el gran número de accidentados en nuestras carreteras, que requiere atención en las especialidades de traumatología, ha provocado que muchos asegurados en espera de operaciones en la especialidad de ortopedia tengan que esperar más tiempo de lo normal.

¿Qué hacer para que la muerte no siga siendo un factor que destruye hogares por culpa de los accidentes de tránsito? Muchas son las respuestas, pero una muy necesaria es: educar desde temprana edad sobre la forma correcta de conducir un automóvil, una moto, una bicicleta e incluso una patineta; así como educar al peatón para que respete las normas básicas de comportamiento seguro en la vía pública y como cruzar las calles.

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