El inicio de un nuevo año despierta en la mayoría de los seres humanos una serie de sentimientos encontrados acerca de si los 365 días venideros serán mejores que los del año o años anteriores. Es una época en que evocamos lo que dejamos atrás, con tristeza si perdimos un ser querido, posesiones o bienes, un trabajo o la estabilidad de una relación amorosa o de amistad; con alegría si logramos cosas como adquirir una casa, comenzar una relación, un nuevo trabajo, viajar al extranjero o simplemente porque el “Gordo” o los sorteos de consolación nos sacaron de pobres.

Pero también es una oportunidad para plantearnos nuevos retos, o emprender proyectos en los campos laboral, académico e incluso espiritual, porque no es posible pensar en un ser humano que conscientemente se proponga como meta: este año voy a ser malvado.

Todos, no importa la condición socioeconómica o las creencias religiosas o morales que mantengamos, tenemos la meta de vivir un año mejor, porque esto es una convicción inherente al ser humano.

Sin embargo, tenemos que ser realistas y comprender que el simple deseo de aspirar a mejores metas no hará que se cumplan, porque si algo es cierto es que nuestro mundo cambia a cada paso. Cambian los gobiernos, el clima, el entorno económico, las convicciones morales y religiosas. Por creencias religiosas se cometen terribles genocidios como ocurre en Siria y por simple cálculo de la geopolítica las naciones se unen para alcanzar liderazgos a nivel mundial o arrebatárselo a aquellos países que lo tienen.

Vivimos al filo de la navaja pensando en el momento en que un líder de una potencia oriental, con una herramienta tan potente como un misil intercontinental pueda lanzarlo hacia Occidente, con resultados tan nefastos que puedan desencadenar una nueva guerra mundial, que tal vez sea la última para la raza humana y toda forma de vida en este planeta.

A nivel doméstico los cambios también inducen a pensar si el 2017 será un buen año de cara a las circunstancias que deberemos enfrentar, tales como definir los candidatos a un futuro gobierno, una política de precios del petróleo que se vislumbra como inestable, un nuevo gobierno en los Estados Unidos que desde luego influirá directamente en lo económico, la ayuda externa, el apoyo para continuar la lucha contra el narcotráfico y sobre todo la política migratoria.

“Cambia, todo cambia” expresa Mercedes Sosa en una de sus canciones y es justamente el cambio lo que más puede inquietarnos, porque nos saca de la zona de confort, nos enfrenta a lo desconocido y nos voltea el entorno en que vivimos.

¿Quién habría imaginado que en las postrimerías del 2016, cuando se supone que en nuestro país debería prevalecer el verano con su agradable temperatura y sus agradables vientos, un huracán se abalanzara contra nuestro territorio dejando una estela de desolación y muerte?

José Ortega y Gasset, Filósofo y Ensayista español expresó: “No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter”.

Una frase para meditar y sobre todo para plantearnos una pregunta: ¿Tendremos el carácter suficiente, este año, para enfrentar un mundo cada vez más cambiante?

 

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