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Martes, 13 Marzo 2018 08:02

Se acerca la hora definitiva

El próximo domingo primero de abril, domingo de Resurrección, según lo establece la Iglesia Católica, los costarricenses acudiremos a las urnas para elegir a nuestro próximo presidente.

Nos enfrentaremos ante una papeleta que contiene dos nombres: Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado. A ambos los une una serie de hechos inéditos en la política costarricense, ambos son jóvenes, con igual apellido, comunicadores ambos, provenientes de la clase media, relativamente nuevos en el ejercicio de la administración pública, pero con ideas y planteamientos diametralmente opuestos.

Fabricio Alvarado representa al Partido Restauración Nacional (PRN), un partido que en la primera etapa de la campaña emergió como un verdadero fenómeno al pasar, en término de tres semanas, de uno de los últimos lugares a disputar la presidencia de la República.

Carlos Alvarado, también dio la sorpresa al imponerse a las fuerzas políticas tradicionales, Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana y representa la oportunidad de que el Partido Acción Ciudadana (PAC) se mantenga por cuatro años más en el poder.

Para Guanacaste a la Altura, el llamado es que acudamos de nuevo a las urnas para realizar este ejercicio ciudadano que la democracia nos brinda y emitamos nuestro voto, pensando en cuál de los candidatos representa la mejor solución a los problemas que enfrenta el país, que por supuesto son muy complejos y no de fácil solución.

La disyuntiva del próximo gobierno y la complejidad de lo que sucederá durante los próximos cuatro años tiene que ver con la conformación de la actual Asamblea Legislativa, donde realmente se decide si se le ponen ruedas al Poder Ejecutivo o las pugnas entre las fracciones constituyan aquello que don “Pepe” Figueres definió con mucha claridad y a su estilo: “Quiero barrer pero se paran en la escoba”.

De ganar Carlos Alvarado, tendrá al frente un muro difícil de franquear conformado por el bloque legislativo de Liberación Nacional y Restauración Nacional. De no realizar una buena labor de negociación, nos llevaría a cuatro años de un peligroso entrabamiento político entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, en un momento en el que urgen medidas prontas en el plano económico, por mucho, el problema más crítico.

Por el contrario, si gana Fabricio Alvarado, pareciera que las relaciones entre el Legislativo y el Ejecutivo serían mucho más fluidas; Liberación Nacional cederá a Restauración Nacional la agenda en temas como el matrimonio igualitario y Restauración Nacional aceptará la agenda económica de los verdiblancos.

A los costarricenses -sean católicos, cristianos, “progres”, “troles”, “chancletudos”, homofóbicos o cualquier otra categoría que se ha creado, como resultado de una de las campañas más agresivas, y odiosas de la historia político electoral contemporánea- nos corresponde meditar, sopesar y analizar cuál de los Alvarado nos conviene más y pedirle a Dios que le dé la suficiente sabiduría al que resulte electo y se logre el objetivo de contar con un buen gobierno. 

Las alianzas que han establecido uno u otro candidato son válidas como parte del quehacer político y no nos deben extrañar, sobre todo por parte de Restauración Nacional, hay que reconocerlo, ha sabido establecer los contactos necesarios para emprender la tarea de dirigir un país y no una iglesia cristiana.

Por parte del PAC, también se han visto alianza con diversas personalidades políticas y sectores, lo prudente y recomendable es que tome lo bueno de la administración Solís Rivera y descarte los yerros, y sobre todo que las posibles alianzas con los sindicatos y las facciones de tinte socialista como el Frente Amplio, no les nuble la vista y comprendan que el país debe unirse y superar diferencias muy peligrosas que se han establecido al calor de temas como la diversidad de género, la familia y los derechos humanos.

El último y quizá más importante rasgo que debe tener la próxima administración es evitar a toda costa la tentación de caer en las garras de la corrupción, en particular la que se gesta en las instituciones encargadas de velar por la justicia, o aquella que se genera con el dinero proveniente del narcotráfico.

 

Publicado en Editorial

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