Los recientes hechos ocurridos en Limón consistentes en la paralización de los servicios portuarios en Moin, la consecuente intervención de la policía para reabrir los muelles y restablecer este importantísimo servicio a fin de dar continuidad al comercio exterior, no son nuevos y por el contrario figuran en los anales de la historia como uno de los peores secuestros de la economía costarricense.

En épocas anteriores, eran las luchas entre los diferentes sindicatos: los de Japdeva, los de los estibadores y otros grupos, los que motivaban de la paralización y huelgas portuarias, hasta que se produjeron privatizaciones en las labores de carga y descarga y los conflictos dejaron de tener sentido.

Ahora el enemigo a vencer es la firma holandesa APM Terminales a la cual se le adjudicó la construcción de una moderna terminal de contenedores, a fin de dotar al país de un puerto, no a la altura de los que existen en Estados Unidos, Europa o Asia; sino capaz de competir con la infraestructura que tienen países vecinos y ante los cuales mostramos un rezago evidente.

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El atraso que presenta la atención de los barcos en el Atlántico no es una invención, sino una triste realidad que destaca el Índice de Competitividad Global, que en materia de infraestructura portuaria nos coloca en el puesto 115 de una lista de 144 países y nos otorga una calificación de 3% dentro de una escala que va del 6.8% al 1.3%.

Tan penosa es nuestra realidad en este campo que el mismo índice de Competitividad estima que Nicaragua, Honduras y Guatemala nos superan en cuanto a servicios portuarios y por supuesto ni que hablar de Panamá que con un 6.8 se codea con los mejores países del mundo.

Hablando más claro: El exitoso lugar que ocupa Costa Rica en el ranquin mundial de la FIFA que lo coloca en la posición 16 y como líder en la Concacaf, es exactamente inverso a la posición que se nos asigna al calificar la calidad de nuestros puertos.

Hay que ser claros: Japdeva o más bien los sindicatos que manejan esta organización, no pudieron impedir que la concesión para que APM Terminals construya la moderna terminal de contenedores con equipo y personal para movilizar 45 o 50 contenedores por hora y no los 13 que moviliza Japdeva en la actualidad.

No pudieron y así lo demostró la Sala Primera al resolver a favor del Estado costarricense y de la empresa APM Terminals el recurso interpuesto por el Sindicato de Trabajadores de JAPDEVA, en contra del contrato, el financiamiento, diseño, construcción, operación y mantenimiento de la nueva Terminal de Contenedores de Moín de JAPDEVA.

Desconocer los alcances de un fallo de esta naturaleza es irracional, porque no hay otra instancia a la que acudir, como irracional es pretender que a cada trabajador de JAPDEVA se les indemnice con $500.000 , leyó bien, medio millón de dólares por cabeza tal y como lo solicitó uno de los dirigentes sindicalistas.

La verdad sea bien dicha, los sindicatos de JAPDEVA ya tienen cansado al pueblo costarricense, que con frecuencia escucha planteamientos sobre reajustes de salario y otras granjerías al amparo de una convención colectiva que cualquier otro empleado del sector público y muchos menos de la empresa privada soñaría con tener.

Los sindicalistas han convertido los muelles en su propio feudo, han secuestrado a JAPDEVA y cuando les viene en gana estrangulan la economía y el comercio exterior paralizando los puertos, cerrando la carretera o levantando barricadas, ante las cuales la policía tiene que actuar para restablecer el orden.

No estamos en contra del derecho de los ciudadanos a tener un trabajo digno, pero ante la magnitud de los actos que cometen los sindicalistas queda justificada la actuación de la policía y la posición del Gobierno.

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