Cuando faltan pocas semanas para que finalice este año, han estallado los fuegos electorales. Primero, muy tímidamente para dar espacio a los posibles candidatos a consultar con sus almohadas, otros esperando a que Dios les hablara e incluso otros pidiendo perdón e invocando el favor de los electores.

Sin embargo, como resultado de estos procesos de cálculo, ya varios ciudadanos que aspiran a la silla presidencial dieron a conocer abiertamente su interés por ocupar un lugar en la papeleta e incluso han incursionado en los medios de comunicación y en las redes sociales para declararse precandidatos.

Es posible que conforme avance el tiempo el proceso que han iniciado Liberación Nacional y lo que anteriormente se conoció como la Unidad abarque otros partidos políticos como el PAC, el Frente Amplio, el Movimiento Libertario y otros grupos minoritarios en procura de llegar no solo a Zapote sino también a Cuesta de Moras.

En muchas ocasiones se ha hablado de la inconveniencia de iniciar las campañas electorales en fechas tan tempranas, por el “ruido” que meten en la labor del Gobierno y de la Asamblea Legislativa, como resultado de que muchos legisladores centran su interés en el proselitismo y se olvidan del análisis de temas que realmente son importantes para el país.

Por otra parte, algunos ministros tampoco se sustraen del deseo de continuar su carrera en calidad de asesores o gerentes de campaña, con el fin de continuar pegados a esa generosa ubre a la que todos los ciudadanos contribuimos a mantener siempre llena.

Lo que no dudamos, es que la próxima campaña será muy atípica porque algunos políticos considerados como líderes han declinado en su interés para que se les considere precandidatos y en consecuencia es posible que veamos en escena a nuevos actores.

También es previsible que el abstencionismo y el desinterés por la política calen en el ambiente con mayor fuerza que en períodos electorales anteriores.

Hasta ahora la gestión del Presidente Luis Guillermo Solís que ha sido calificada como una de la peores del país e incluso a nivel latinoamericano, tras haber obtenido un caudal de votos impresionante, motive a muchos a preguntarse ¿Para qué votar?.

A pesar de ello cabe preguntarse ¿Cuál presidente o administración en determinado tiempo de su gestión no ha sido calificado como el más malo? La respuesta, es que desde que Rodrigo Carazo fue presidente todos los que han seguido han sido malos, pero extrañamente cuando salen se reconoce que no fueron tan malos como se pensaba.

Acerca de este tipo de calificaciones cabe mencionar que es la historia la que se encarga de valorar los aciertos o errores de los gobernantes anteriores como los que tendremos en el futuro. Pero si algo hay que reconocerle a la administración Solís Rivera es que hasta ahora no se le puede atribuir ningún acto de corrupción y los que se le puedan atribuir son apenas colones frente a los millonarios saqueos que se han dado en administraciones anteriores.

¿Cuál Presidente, que cada día insiste en señalar los peligros del déficit fiscal, advertir sobre la deuda en que incurre el Gobierno para financiar programas y la necesidad de crear impuestos, queda bien con los ciudadanos?

¿Cuál gobierno que como este se ha enfrentado a las pensiones de lujo, a las convenciones colectivas y de paso se ha preocupado por reducir la pobreza y el desempleo le caerá bien a los burócratas, a los empresarios e incluso a los magistrados?

Ahora que de nuevo nos encaminamos a una lucha preelectoral conviene sopesar los hechos, valorar los programas y considerar en su justa dimensión los atributos de los candidatos.

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