La reciente declaración del presidente de la República, Luis Guillermo Solís, en el sentido de que al país le falta liquidez para que opere el gobierno y para pagar los aguinaldos a los empleados públicos en diciembre, lo que en otras palabras significa reconocer que está en quiebra, sin duda, es desafortunada por no decir temeraria y peligrosa.

Si la situación realmente es como la pinta el mandatario, lo prudente habría sido establecer un dialogo con los diputados, los ex presidentes, los candidatos a la Presidencia de la República o con un grupo de economistas y académicos, a fin de establecer los alcances de una declaración de esta naturaleza y haberla realizado en un acto conjunto en el que se habría sentido respaldado.

En última instancia habría sido más aconsejable que fueran el ministro de Hacienda y el Presidente del Banco Central los que hubiesen hecho ese anuncio que, de la manera en que lo presentó el Presidente resultó ser apocalíptico.

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Tal situación nos recuerda un ex ministro de Economía que por sus constantes declaraciones del mal estado de las finanzas públicas fue calificado como el “profeta de las desgracias”.

Por supuesto que la repercusión del mensaje presidencial no se hizo esperar, tanto dentro como fuera del país; a punto de que la Deutsche Welle, cadena radio, televisión y análisis de noticias de Alemania, calificó el anuncio de Solís como el estallido de una burbuja; el que Costa Rica, el país más feliz del mundo estuviera en quiebra.

Los miembros de la Cámara Costarricense Norteamericana de Comercio (AmCham) también reaccionaron con preocupación por “la confusión y desestabilización económica” que podría provocar el discurso del presidente al tiempo que instaron al gobierno a recortar gastos y “dejar de asustar a quienes quieren invertir en el país”.

¿Cuál inversionista comprará bonos de Costa Rica, en dólares o colones, en estas circunstancias?”, indicó la agrupación en un comunicado.

Por otra parte son nefastas las repercusiones derivadas del decreto de recortar los gastos y más temeraria resulta su afirmación de que el presupuesto del próximo año tendrá crecimiento cero, cuando sea otra administración la que dirija los destinos del país.

Pareciera que la costumbre de los presidentes de hacer anuncios con la mayor ligereza, sin medir las consecuencias que podrían acarrear sus palabras, no solo pasa por nuestro presidente.

Mr. Donald Trump flamante presidente de Estados Unidos, en cada twit hace temblar al mundo con sus amenazas; la tendencia también es propia del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro, a quien no le importa mandar a la m. a quien se le ocurra, incluyendo al Tío Sam; o el líder norcoreano que amenaza con bombardear con armas nucleares a quienes adversan su régimen y desatar una tercera guerra mundial.

De verdad que evaluando nuestra realidad y la del mundo entero, que para conocerla solo basta hacer un clic, podríamos emular a aquel cómico mexicano y preguntarnos ¿Qué nos pasa?

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